Desde hace un tiempo, se habla mucho más del acoso callejero. Esta visibilización del problema, ha logrado que de a poco las víctimas vayamos asumiendo el piropo como una agresión.

Este concepto me hizo cambiar un chip que tenía muy dentro de mi, esa idea de “el piropo” como un alago, como una muestra de afecto, deseo y hasta buena onda. Mujeres feministas, de algún lugar del mundo comenzaron a visibilizar este acto, que parece tan simple y cotidiano, y que además, muchas vivimos a diario, como lo que en realidad es, como un acto de violencia.
Analizando un poco el fenómeno y sabiendo que la mayoría de las mujeres hemos sido víctimas de este tipo de violencia y recordamos distintas experiencias desagradables a lo largo de nuestras vidas , un día me pregunté ¿Y qué función social cumple el piropo?; ¿Por qué es tan aceptado por la sociedad?; ¿Qué mensaje implícito llevan los piropos?. Comencé a escribir este post y mágicamente, fueron surgiendo respuestas, todas ellas dirigidas hacia y desde el mismo camino y me dije “los piropos son una manifestación de la violencia estructural patriarcal” y como tal, cumplen varias funciones en post de mantener a las mujeres subordinadas al sistema patriarcal.

Asumiendo esta idea que ya muchas mujeres feministas se han planteado, cabe entonces preguntarnos ¿Qué esconde el piropo? Aquí menciono 12 funciones y objetivos ocultos del piropo:

1) El piropo intenta imponer nuestra validación en función del deseo de los hombres:
El acoso callejero ha logrado sobrevivir con tranquilidad durante un largo tiempo, por su función de mantenernos como objeto de deseo de los hombres. Esto se vivencia como algo positivo y como “parte del ser mujer”. Desde un poco antes de la adolescencia, el mundo comienza a reforzar nuestra existencia en son de la otredad. El mensaje decía que mi cuerpo es para el deseo de un otro, que mi sonrisa, se debe al amor de un otro, que mi belleza, se debe a las miradas de un otro. De la mano de esas palabras se supone, que debiéramos sonreír, mirar con timidez, sonrojar y hasta agradecer a quién te lo propina por habernos alegrado el día. Hoy recuerdo, que muchas veces lo hice, sin pensarlo, como muchas cosas, porque me hicieron creer que el piropo me valida como mujer, que esas palabras me hacen ser y existir. Porque hasta hoy, hay quienes piensan que el piropo es necesario y hasta favorable para nuestra autoestima, hacendosos creer que hasta nos ayuda a desenvolvernos con mayor confianza y seguridad.

2) El piropo es violencia sexual, disfrazada de afecto:
Cuando hablamos o vemos una campaña en contra de la violencia sexual, nos muestran el abuso sexual y la violación. Pero ¿Y el piropo? acaso el que un desconocido me diga en la calle que me tocaría entera, que me desea, o las mil veces que un hombre nos enseñó su pene, se masturbó frente a mi y mis compañeras, o los besos que me tiró el vecino y la lengua asquerosa que me mostró el viejo de la bicicleta, y las veces que me tocaron el trasero en la pasada o que me metieron la mano en el micro, por debajo del Jumper. Eso acaso ¿No es violencia sexual? El piropo me violenta de manera sexual, porque en su mayoría son palabras e insinuaciones con connotación sexual y siempre es sin nuestro consentimiento. Esta es una premisa del piropo, lo que me lleva a concluir, que al igual que un abuso sexual, el placer del piropo está en ejercer poder por medio de la violencia verbal. El no asumir el piropo como violencia sexual, ha logrado que muchas mujeres, incluso en estos días, lo vivencien como una muestra de afecto.

3) El piropo refuerza la posición de poder de los hombres por sobre nuestros cuerpos:
El piropo es la manifestación de lo que el otro opina de mi.  Cada vez que nos dicen palabras y frases como; belleza, que linda te ves con ese vestido, que hermosa tu sonrisa o nos gritan lo que nos harían, cómo y por dónde, se está opinando sobre nosotras. En ese acto, se asoma el poder que ellos pueden tener, hacer uso y abuso sobre nosotras. El mensaje implícito sería “Ey, yo opino sobre ti”; “Yo te digo y grito lo que quiero, porque puedo”, aún sin importar el que yo no te pedí tu opinión. Al mismo tiempo, el piropo valida al cuerpo estereotipado y que encaja en los cánones de belleza. Si yo luzco mis rollos, mis tatuajes, mis piernas y axilas sin depilar, es probable que cause rechazo, sea discriminada y los comentarios sean algo así como ” mira esa chica, de cuerpo feo e indeseable”. Asimismo, el ser piropeadas, nos hace sentir jóvenes y “en edad de merecer”. Avanzando en nuestros años de vida, es común escuchar a mujeres diciendo, ya no me piropean en la calle, porque ya no soy deseable.

4) El piropo nos hace vulnerables ante el género masculino:
Cada vez que nos violentan en la esquina, en la bajada del bus en la entrada de la escuela, e incluso dentro de ella, nos están transmitiendo temor, muchas veces, un temor indescriptible y tan molesto, que no somos capaces de transmitirlo a nadie, porque nos avergüenza, o porque simplemente, preferimos callar y tomarlo como parte del ser mujer. Así crecemos en desventaja a nuestro acosador, porque el tiene el poder de hacerme sentir vulnerable.

5) El piropo refuerza los privilegios del macho:
Las mujeres no tenemos derecho a dirigirnos a los hombres, ni de manera parecida a la que ellos tienen permitido, por el contrario, una mujer que manifiesta sus deseos sexuales de manera libre, es tratada con adjetivos calificativos vejatorios y negativos para esta cultura machista. El hombre que desea y piropea a las mujeres, es un macho recio y las mujeres que se acercan a ese perfil, son putas, maracas, ninfómanas, etc.,

6) El piropo busca y refuerza la rivalidad entre mujeres como un sentimiento natural:
Otro fenómeno poco hablado del piropo es su capacidad para hacernos creer que la que es piropeada, merece entonces, ser mi enemiga. Porque el piropo, nos posiciona en una situación de competencia y enemistad para con otras mujeres. Nos crea una falsa necesidad de ser mejor y más deseada que la otra. Lo anterior, lo podríamos describir como algo así: la que recibe muchos piropos, es probable que sea una mujer exitosa, tenga muchos amigos, que le vaya bien en todo ámbito de su vida y que por sobre todo, tenga mucha suerte en el amor, o sea, con los hombres. Por el contrario, la no piropeada, es probable que no tenga suerte ni éxito en su vida. Hoy desde los ojos del feminismo, puedo además ver, que el piropo ha influido de manera negativa en la manera de relacionarnos con los hombres y también con otras mujeres.

7) El piropo refuerza los roles y estereotipos de género:
Cada vez que me piropean yo y mis amigas debiéramos sentir que entonces ¡Lo estamos haciendo bien! ¡Muy bien!, porque significa que nos estamos vistiendo adecuadamente, para ser deseadas por ellos, que nuestra imagen es femenina, y por sobre todo, que a ellos les agrada, les agrada tanto, que no pueden dejar de comunicarlo. Asimismo, si nosotras modificamos nuestra apariencia a una que se aleje del estereotipo de mujer deseada, es probable que no recibamos más nunca un piropo, en respuesta al no seguir las reglas que nos impone el género femenino.

8) El piropo nos recuerda que el espacio público no nos pertenece:
Nos hemos desarrollado y crecido, sabiendo que existe el ámbito de lo público y lo privado, como dos polos opuestos, que en ningún punto se entrecruzan para converger. El espacio público, les pertenece a ellos y el privado e íntimo a nosotras. Las calles son de ellos, las noches son de ellos, las fiestas son de ellos, la oscuridad es para ellos. Porque para nosotras, el espacio público se convierte en un ambiente hostil y difícil de manejar, porque para saber llevarlo hay que ser hombre y por sobretodo, ser un macho, que muestre su manejo territorial. El piropo,viene a decirnos ¡Ey, si no te gusta, vete a casa! porque este ¡Es mi lugar!

9) El piropo refuerza la heteronorma:
No por nada son solo los hombres los que tienen el derecho de violentarnos con su piropo, de mirarnos hasta invadir nuestro espacio, sacarnos de nuestra tranquilidad, seguirnos por calles completas, hablarnos desde la otra vereda, seguirnos en su auto hasta la entrada de nuestro hogar, etc., ¿Se han preguntado por qué solo los hombres heterosexuales nos piropean?, ¿Es común ver a mujeres lesbianas acosando a otras por la calle? Pues no, el piropo es una característica del hombre heterosexual, algo así como parte de su ritual de “conquista”. Asimismo, el piropo refuerza la heteronorma, en tanto nosotras no nos disponemos a mirar a otras mujeres con deseo, porque eso, queda para los hombres, eso, es otro de sus privilegios, es otro invento y manipulación del patriarcado.

10) El piropo crea una falsa sensación de amistad y seguridad en espacios de hombres:
La violencia que sufrimos a diario es tan tan fuerte, que ese mismo e inseguridad de andar “sola” por las calles, nos lanza a los brazos del mismo enemigo. Porque si son ellos los que nos violentan, y entre nosotras hay rivalidad (también por ellos), entonces creemos que solo estando con ellos, sintiéndonos aceptadas entre sus grupos y amistades, estamos protegidas, porque solo ellos nos pueden defender de otros como ellos o peores que ellos.

11) El piropo es un arma de mil filos:
Si te lanzan un piropo en la calle debes sentirte agradecida y felíz por ser deseada y aceptada por los hombres, pero si de lo verbal se pasa a la violencia física, como tocaciones, manoseos e incluso abuso sexual, dependerá de tu apariencia y estado el ser además victima del juicio social que probablemente dictará que tú te lo buscaste. Por lo que las mujeres sabemos de manera casi natural (que en realidad es por transmisión cultural) que debemos cuidarnos de no “provocar” el ser posibles víctimas de una violación e incluso de un femicidio, porque siempre, siempre se buscarán las pruebas que justifiquen ese hecho.

12) El piropo está naturalizado:
La sociedad machista, se ha encargado de naturalizar este acto de violencia. Hoy y desde siempre, mujeres y niñas crecemos asumiendo que el piropo será parte de nuestras vidas, y hasta un factor que le da vida y sentido al ser mujer. En consecuencia, es muy probable que la  que comienza a responder a su agresor, la que le dice a otras que no se dejen piropear o simplemente alega o no esconde su molestia ante este acto de violencia, sea tildada de loca, exagerada, histérica y ahora de feminaci. Y me pregunto ¿Que sería de nuestras vidas sin el piropo?

14370324_583975305107047_3263770145140082135_nAl pensar este tema y visibilizar todos estos puntos, puedo ver muchas cosas con mayor claridad, entre ellas, la obviedad de que de estos 12 puntos que menciono anteriormente, podemos sumar muchos más, es cosa de hablarlo con una amiga,una hermana, la novia, la compañera de trabajo o hasta con una desconocida, para darnos cuenta de la fuerza y rol social que contiene y sostiene al piropo. Su fuerza es tan potente que estoy segura de que muchas de las que hoy nos tratan de feminacis es simplemente porque sin darse cuenta, o sin cuestionarlo, avalan cualquiera o hasta todos los puntos expuestos en este post.

Con la pena que ahora me inunda por mi y por todas mis compañeras que algunas vez hemos sido violentadas por cualquiera de las manifestaciones del piropo, me atrevo a levantar un poco la voz y decir, amigas ¡Despertemos! porque ¡Esto puede cambiar! y no porque el mundo va a cambiar, sino porque sin nosotras ¡La humanidad no existe! y el empoderamiento, el amor propio, la amistad y el amor entre mujeres, son la mejor arma de destrucción del patriarcado.

¡Abortemos al macho que llevamos dentro! y ¡Seamos solidarias entre nosotras! que al patriarcado le molesta y a nosotras ¡Nos hace muy bien!

Vulva Furiosa

Ilustradoras
Imagen destacada: Sara Pachón
Ilustración: @romilustraciones

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